UtteraUttera

Pronunciar

Una página aparte del Estudio, en app.uttera.ai/pronunciar, para quien está aprendiendo un idioma. No tiene formatos, ni catálogo de voces por nombre, ni estimador de coste: quien aprende alemán no quiere elegir entre opus y flac.

Uttera viene de to utter: pronunciar, decir en voz alta. Esto es esa parte del nombre.

El problema que resuelve es uno que las aplicaciones de aprendizaje no tocan: sólo dejan oír el contenido de ellas. Puedes repetir su lección, pero no preguntarles cómo suena la frase que tú necesitas decir mañana. Aquí escribes esa frase.

Los tres pasos

PasoQué pasa
1. Escríbelo en tu idiomaLa página está en tu idioma y escribes en el tuyo. Eliges en cuál quieres aprender a decirlo. Hasta 300 caracteres: es una frase, no un texto.
2. Así se diceAparece la frase en el idioma que estudias y su transcripción fonética. Ahí paras y lees. El audio se genera aparte, cuando tú quieras y a la velocidad que elijas: ver la frase es gratis y generarla no, y no tiene sentido pagar audio de algo que aún no has leído.
3. Ahora dilo túTe grabas —micrófono del navegador o fichero— y te devolvemos lo que hemos entendido, marcando palabra a palabra lo que salió y lo que no.
Lo que te devuelve el tercer paso es un espejo, no una nota. Si escribiste «rojo» y la transcripción dice «rojo», lo has dicho de forma reconocible. Si dice «rollo», ya sabes qué sonido te está fallando. No hay puntuación, y es deliberado: para aprender, un espejo honesto vale más que un número.

Lo que cuesta

No hay estimación previa, a propósito: quien practica no está evaluando un servicio, y una cifra antes de cada frase sería ruido. Después de cada operación se dice lo que ha costado de verdad. Un ciclo completo —traducir, oír y comprobarte— ronda los 0,17 créditos para una frase corriente.

Los límites, dichos por delante

«¿Por qué no me entiende?»: el análisis por IA

Los tres pasos te dan un espejo: qué palabras han salido y cuáles no. Cuando eso no basta —sabes que algo falla pero no qué— hay un botón aparte que compara sonido a sonido lo que dijiste con lo que tocaba, y te lo explica.

No usa el reconocimiento de voz normal, y la razón importa: ese está hecho para entenderte, no para medirte. Corrige tu pronunciación hacia la palabra que cree que querías decir, que es justo el error que aquí queremos ver. El análisis usa un reconocedor de fonemas, que escribe lo que suena aunque no sea una palabra, y compara esa cadena con la que debería sonar.

Lo que te devuelve: el porcentaje de sonidos que han salido bien, la lista de los que no —hiciste [s] donde tocaba [θ], y en qué palabras—, la explicación redactada, y las dos transcripciones fonéticas para quien sepa leerlas.

Cuesta bastante más que el resto, y por eso se pide y no se hace solo. El espejo de palabras cuesta céntimos de crédito; esto ronda los 3, porque hay que fonemizar tu grabación y redactar la explicación con un modelo de lenguaje. Antes de lanzarlo se te dice, y puedes no hacerlo. El cargo exacto aparece después, como en todo lo demás.

La idea es que practiques muchas veces gratis y pidas el análisis cuando quieras saber qué estás haciendo mal, no en cada repetición.

Si la grabación no se parece a la frase, no se analiza. Pasa más de lo que parece: un micrófono equivocado que coge la televisión, o la mezcla del sistema. En ese caso te lo decimos y no se cobra el análisis, en vez de explicarte sonido a sonido un desajuste que no significa nada.
Lo que esto NO es.

No es una nota ni un examen: es una comparación entre dos cadenas de sonidos. Y la explicación la redacta un modelo de lenguaje a partir de esa comparación —no decide qué está mal, eso se calcula antes—, así que léela como lo que es: una ayuda para entender el dato, no un veredicto.

Tampoco sustituye a un profesor. Para el sonido de una frase corriente va sobrada; para afinar una vocal de examen, un profesor sigue siendo un profesor.

Lo que subes se transcribe y se borra: grabarte practicando es justo el tipo de audio que no debería quedarse en el archivo de nadie —Privacidad.